Los que hablaban más rotundo (y salían más en la tele) eran los que peor acertaban
Durante veinte años, un profesor persiguió a 284 personas que se ganaban la vida opinando en público sobre economía y sobre lo que iba a pasar en el mundo.
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Una cifra redonda sin un «depende» no es información: es un tono.
Durante veinte años, un profesor persiguió a 284 personas que se ganaban la vida opinando en público sobre economía y sobre lo que iba a pasar en el mundo. Les pidió pronósticos concretos, con fecha. Reunió más de ochenta mil. Y fue comprobando, uno por uno, cuáles se cumplían.
Tetlock describió también el patrón opuesto: quienes manejaban varias explicaciones a la vez, dudaban en voz alta y corregían sus previsiones sobre la marcha acertaban más que quienes tenían una sola gran teoría para explicarlo todo. El problema es que el primer perfil es malísimo para la televisión —no da titulares— y el segundo es perfecto.
Traducido a tu dinero: hablar con seguridad no es una señal de acertar. Muchas veces es la señal contraria, porque el que duda en voz alta suele haber mirado más. Así que cuando alguien te suelte una cifra redonda sobre el año que viene —dónde estará el mercado, qué hará el precio de la vivienda, cuándo bajarán los tipos— sin un «depende» y sin un «puedo equivocarme», no te ha dado información. Te ha dado un tono. Y un tono no se puede meter en una hoja de cálculo. Esto no va de ignorar a quien sabe: va de no confundir seguridad con criterio, que es lo que la televisión premia y la realidad no.
Preguntas frecuentes
¿Esto significa que ningún experto sirve para nada?
No, y el propio Tetlock dedicó los años siguientes a demostrar lo contrario. Su trabajo posterior identificó a personas que pronostican notablemente mejor que la media, y lo que las distingue no es tener más información: es actualizar sus previsiones en pasos pequeños, manejar varias hipótesis y pensar en probabilidades en vez de en certezas. Lo que falla no es el conocimiento, es el estilo de razonar.
¿Por qué salen en televisión justo los que peor aciertan?
Porque los medios y la audiencia premian cosas distintas de las que premia la realidad. Una previsión con matices, condiciones y un margen de error no da titular; una afirmación rotunda sí. El resultado es una selección al revés: quien habla en categórico tiene más probabilidades de ser invitado otra vez, con independencia de si acertó la última.
¿Cómo aplico esto sin volverme un cínico?
Cambiando qué miras. En vez de fijarte en cuánta seguridad transmite alguien, fíjate en si dice qué tendría que pasar para que se equivocara, si pone plazo y número, y si alguna vez le has visto rectificar. Quien hace esas tres cosas te está dando algo con lo que trabajar. Y para tus propias decisiones, la traducción es simple: prefiere planes que aguanten varios escenarios a apuestas que dependan de que una predicción concreta se cumpla.
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