Quitaron los bots del estudio y la mentira seguía ganando igual
Tres investigadores del MIT rastrearon 126.000 cascadas de bulos en Twitter: doce años de mensajes y más de tres millones de personas.
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Las ganas de reenviar no son una fuente.
Tres investigadores del MIT se pusieron a rastrear 126.000 cascadas de bulos en Twitter. Doce años de mensajes, más de tres millones de personas.
¿Por qué? La hipótesis de los propios autores es que lo falso es más novedoso —dice algo que no sabías— y provoca reacciones emocionales más fuertes: sorpresa, indignación, ganas de contarlo. La verdad suele ser más aburrida y venir llena de matices, y los matices no se reenvían.
Llévalo a tu terreno, que es el del dinero. El chollo de inversión que circula por un grupo de WhatsApp, el audio del cuñado que sabe de alguien que multiplicó por diez, la captura sin fuente con una rentabilidad imposible. Todo eso viaja rápido por lo mismo: es nuevo, es raro y da gustito contarlo. La regla que sale del estudio es corta y sirve para el 90% de los casos: si algo te da ganas de reenviarlo antes de comprobarlo, ese es justo el momento de no reenviarlo. Y para lo que llega y no puedes verificar en el momento, un sitio aparte —una carpeta de «por comprobar»— hasta que te sientes a mirarlo. Que entre en tu cabeza cuando lo hayas contrastado, no antes.
Preguntas frecuentes
¿Este estudio es de Twitter. Vale para WhatsApp o para vídeos?
La evidencia directa es de Twitter entre 2006 y 2017, y esa es la limitación honesta: otras plataformas tienen redes y algoritmos distintos, y una red cerrada de mensajería funciona de otra forma. Lo que sí viaja bien de un sitio a otro es el mecanismo, que no depende de la plataforma: la novedad y la carga emocional son lo que empuja a compartir, y eso es humano, no técnico.
¿Cómo distingo un bulo financiero sin ser experto?
Sin ser experto ya hay señales que filtran casi todo: si promete una rentabilidad alta y segura a la vez, si mete prisa, si el que lo manda no sabe decirte de dónde salió, o si la fuente es una captura sin enlace. Añade una comprobación barata: busca el dato con dos palabras clave y mira si lo cuenta alguna fuente que se pueda rastrear. Cuando algo importante es cierto, no suele estar solo en un grupo de WhatsApp.
Si lo esparcen las personas, ¿de qué sirve saberlo?
Sirve porque cambia dónde puedes actuar. Si la culpa fuera de los bots, no habría nada que hacer desde tu lado. Al ser el reenvío humano el motor, la interrupción está al alcance: el par de segundos entre leer algo y darle a compartir. No arregla el problema global, pero sí evita que tú seas el nodo que lo pasa a tu familia, que es la parte que sí controlas.
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