La ventana y el espejo: el gesto de la gente a la que sigues
Piensa en alguien a quien seguirías a cualquier parte. Te apuesto lo que quieras a que no es el que reparte culpas.
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Cuando las cosas salían bien, miraban por la ventana y señalaban a su gente. Cuando salían mal, se miraban al espejo. Suena a salir perdiendo, y es justo al revés.
Piensa en alguien a quien seguirías a cualquier parte. Te apuesto lo que quieras a que no es el que reparte culpas.
Jim Collins estudió durante años a los mejores directivos que encontró —lo contó en Good to Great— y vio en todos el mismo gesto. Lo llamó la ventana y el espejo: cuando las cosas salían bien, miraban por la ventana y señalaban a su gente; cuando salían mal, se miraban al espejo. Suena a salir perdiendo, y es justo al revés: es lo que hace que los demás quieran estar contigo.
Y no hace falta dirigir nada para usarlo. Vale en tu curro, en ese proyecto que llevas a medias, en tu casa. Porque la confianza no se gana en el momento fácil: se gana en el incómodo. Decir «la he liado, la próxima la hago mejor» te pone por delante del que se pasa la tarde buscando a quién señalar. Reparte el mérito. Quédate el marrón. Ahí es exactamente donde se construye la confianza.
Preguntas frecuentes
¿Esto no es dejar que se aprovechen de ti?
Asumir tu parte no es asumir la de todos. La regla es sobre lo que sale de tu boca en público; en privado, los números y los fallos se miran igual.
¿Funciona si no dirijo a nadie?
Sí, y es donde más se nota. En un equipo, la persona que dice «esto lo llevo yo» sin buscar culpables es a la que todos acaban queriendo cerca.
Esta pepita nace de un tema que comentamos del podcast, traído a nuestro terreno y con los datos verificados. Síguenos en TikTok y YouTube.
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