La excusa te ahorra un mal rato y te cuesta el arreglo
Una excusa te ahorra un mal rato hoy y te cuesta el arreglo para siempre.
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Alguien te falla. La excusa es: me falló, tema cerrado. La pregunta útil es otra: ¿qué monto yo para que la próxima vez esto no dependa de que esa persona cumpla?
Una excusa te ahorra un mal rato hoy y te cuesta el arreglo para siempre. Porque la excusa no se queda quieta: se convierte en creencia. «Yo no valgo para los números.» «Es que con lo que gano no llego.» «A mí estas cosas no me salen.» Y una creencia acaba decidiendo por ti sin que tú la hayas votado.
Mira la diferencia. Alguien te falla y no te entrega a tiempo lo que necesitabas. La excusa es: me falló. Punto final, tema cerrado, nada que hacer. La pregunta útil es otra: ¿qué monto yo para que la próxima vez esto no dependa de que esa persona cumpla? Pides con margen. Te guardas un plan B. Cambias el sistema.
No se trata de castigarte por lo que hizo otro. Se trata de que el fallo del otro no vuelva a tumbarte a ti. La excusa cierra el tema; la pregunta lo arregla.
Preguntas frecuentes
¿No es sano a veces reconocer que algo no dependía de mí?
Totalmente. Eso es un hecho, no una excusa. La excusa aparece cuando el hecho se usa para cerrar el tema y no volver a mirarlo.
¿Cómo distingo una excusa de una explicación?
Por lo que viene después. Una explicación termina en un cambio concreto; una excusa termina en punto final.
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