Les dieron 5 o 20 dólares para gastar en el día: la cantidad no cambió nada
Un sobre con dinero y una instrucción: gástalo antes de que acabe el día. A la mitad le tocaba gastarlo en sí misma; a la otra mitad, en otra persona.
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No es un lujo de gente con dinero. Cinco euros ya lo encienden.
Unos investigadores pararon a gente por la calle y le dieron un sobre con dinero dentro. A unos, 5 dólares. A otros, 20. Y una instrucción: gastarlo antes de que acabara el día. A la mitad le tocaba gastárselo en sí misma; a la otra mitad, en otra persona. Por la noche los llamaron para preguntarles qué tal les había ido el día.
El reencuadre es el que interesa aquí. Casi todo lo que suena a «devolver» se plantea como algo que harás después: cuando llegue el dinero, cuando el proyecto funcione, cuando puedas permitírtelo. Y lo que dice el dato es que esa espera no tiene base. La cantidad no era la palanca.
Con lo cual la pregunta deja de ser cuánto puedes dar y pasa a ser una bastante más incómoda: si cinco euros ya lo encienden y llevas años esperando a poder permitírtelo, llevas años pudiendo.
Preguntas frecuentes
¿No es esto un poco «dar para sentirte bien»?
Es una lectura razonable y conviene separarla. El experimento mide qué te pasa a ti cuando gastas en otro, no si eso te convierte en mejor persona. Además, hay evidencia de que el beneficio no aparece cuando el motivo es puramente propio: en el estudio de Konrath y colaboradores (2012) sobre voluntariado, quienes ayudaban por razones orientadas a sí mismos no obtenían la ventaja que sí tenían los que lo hacían por el otro. Dicho de otro modo: no es una técnica de autoayuda que puedas activar a voluntad.
El estudio original era de 2008 y pequeño. ¿Aguanta hoy?
Aguanta, pero con matices que merece la pena conocer. Una réplica directa publicada en 2022 con 133 personas no encontró diferencia significativa con la especificación original, aunque sí con una medida alternativa. La replicación registrada de 2020, con 730 participantes y un diseño más limpio, sí encontró evidencia fuerte. El cuadro general —incluidos los datos de 136 países— apunta a que el efecto existe y es modesto, no espectacular.
¿Vale cualquier gasto en otro?
Los datos posteriores sugieren que funciona mejor cuando ves el efecto de lo que das y cuando hay conexión con quien lo recibe: invitar a alguien concreto, cubrir algo que necesita, un gesto con destinatario. Una transferencia anónima a una cuenta lejana probablemente no produzca lo mismo, aunque sea igual de útil para quien la recibe. Que el efecto sobre ti sea menor no la hace peor donación.
¿Esto tiene algo que ver con las finanzas personales?
Tiene que ver con una idea que aparece mucho en el canal: aplazar cosas hasta una cifra que nunca llega. Si el retorno emocional de gastar en otros no depende del importe, entonces «cuando gane más» deja de ser un argumento para posponerlo, igual que no lo es para empezar a ahorrar cantidades pequeñas. Es educación financiera, no asesoramiento.
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