Heredar 150.000 dólares multiplica por cuatro la probabilidad de dejar de trabajar
Andrew Carnegie dejó dicho que dejarle una fortuna a un hijo es prácticamente maldecirlo. Sonaba a frase de rico. Un siglo después, tres economistas fueron a medirlo.
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Los incentivos pesan más de lo que nos gusta creer. Y a todos, no a los demás.
Andrew Carnegie, que fue el hombre más rico de su época, dejó dicho que dejarle una gran fortuna a un hijo es prácticamente maldecirlo. Sonaba a frase de rico con la vida resuelta. Un siglo después, tres economistas fueron a comprobarlo con números.
Esto no va de juzgar a nadie ni de decidir si heredar está bien o mal. Va de algo bastante menos moral: los incentivos pesan, y pesan sobre todo el mundo, no solo sobre los demás. Es exactamente el mismo mecanismo que explica por qué te esfuerzas más cuando el plazo aprieta.
Y tiene una lectura hacia dentro, que es la que interesa. Buena parte de lo que has construido lo construiste porque hacía falta. Merece la pena saber qué mueve tu motor antes de que un día deje de hacer falta: si toda tu energía viene de la necesidad, tienes un problema de combustible esperándote.
Preguntas frecuentes
¿Está diciendo el estudio que quien hereda es un vago?
No, y esa lectura es justo la que conviene evitar. Dejar de trabajar tras recibir dinero es una decisión económica perfectamente racional: quien puede permitírselo compra tiempo, que es lo que casi todo el mundo dice querer. El estudio documenta que la conducta responde al incentivo, no emite un juicio moral sobre quien responde. Y aplica igual a cualquiera que recibiera esa cantidad.
Los datos son de 1993 y de Estados Unidos. ¿Sirven aquí y ahora?
Con cautela. El resultado se ha replicado en líneas generales en otros países y periodos —hay trabajo posterior con datos suecos y de otros sistemas—, y la dirección del efecto es bastante robusta. Lo que no se puede trasladar sin más son las cifras exactas: 150.000 dólares de principios de los noventa no equivalen a 150.000 euros hoy, y el contexto laboral y fiscal cambia mucho de un país a otro.
¿Entonces es mejor no dejarles nada a los hijos?
El estudio no responde a eso, y nosotros tampoco vamos a decírtelo: es una decisión personal y no damos asesoramiento. Lo que aporta el dato es un factor que conviene tener sobre la mesa junto a los demás: el tamaño de lo que se transfiere afecta a decisiones laborales. Qué hacer con esa información depende de tus valores y de tu situación.
¿Qué tiene que ver esto con alguien que no va a heredar nada?
La lectura útil es sobre el propio motor. Si lo único que te empuja es la necesidad, tu esfuerzo depende de una circunstancia que puede cambiar —un ascenso, una herencia pequeña, una pareja con buen sueldo— y ese día te quedas sin combustible. Saberlo permite construir motivos que no dependan de estar apretado.
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