El sistema de ventas que te aplican lo diseñó un condenado por fraude
Hay un sistema de ventas que se enseña en medio mundo, y lo diseñó un hombre que acabó en la cárcel.
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Cuando algo te encaja demasiado bien, lo raro no es el producto.
Hay un sistema de ventas que se enseña en medio mundo, y lo diseñó un hombre que acabó en la cárcel.
Leído desde el lado del que paga, eso da una herramienta. Cuando algo te encaja demasiado bien, lo raro no es el producto: es que las tres casillas estén rellenas al mismo tiempo. Y hay una pregunta que desmonta casi cualquier venta, y no habla del producto: ¿buscabas tú eso antes de que apareciera delante? Cuando el hueco lo tenías tú, es un buen servicio. Cuando el hueco lo abre quien te vende, es otra cosa.
De ahí sale el hábito práctico: separar las tres casillas y puntuarlas por separado. Que te caiga bien quien te atiende no es información sobre lo que estás comprando; que la empresa tenga una web impecable tampoco. Y al revés: un producto que te sirve no deja de servirte porque el comercial sea antipático. El truco de cualquier sistema de persuasión es que las tres se muevan juntas — así que muévelas tú a mano.
Preguntas frecuentes
¿Contar el sistema no es enseñar a manipular?
Está escrito al revés a propósito: desde el lado del que compra. El sistema se enseña en cursos de ventas de medio mundo, así que la asimetría no está en conocerlo, está en no conocerlo. Saber que la certeza en el producto, en la persona y en la empresa se construye por separado —y a menudo por lo emocional— es lo que te permite revisarlas una por una antes de pagar.
¿Belfort inventó la idea de las tres certezas?
La formuló y la empaquetó así, con ese nombre, y es la parte más citada de su método. La intuición de fondo —que se compra por confianza y no solo por características— es vieja en el sector comercial. Lo que aporta el marco es la separación limpia en tres bloques, que es justo lo que lo hace útil como defensa.
¿Y si de verdad necesito lo que me están ofreciendo?
Entonces es un buen servicio y no hay nada malo en ello. El criterio que propone la pepita no es desconfiar de todo, es distinguir quién abrió el hueco: si el hueco ya estaba en tu vida antes del anuncio, la venta te está resolviendo algo. Si el hueco apareció con el anuncio, lo que has comprado primero es el hueco.
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