Antes de pedir, escribe lo que gana él
«Me hace mucha ilusión» habla de ti. Y el otro tiene el tiempo contado.
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Vas a pedirle algo a alguien y escribes lo que quieres tú. Ahí ya has perdido. Un inversor hace justo lo contrario: antes de una reunión importante le escribe el plan al otro, todo lo que esa persona gana y cómo le mejora la vida. Su interés sigue estando ahí, no lo esconde, pero llega con la cuenta hecha y la cuenta es la del otro. Compáralo con lo que te llega a ti: me hace ilusión, te admiro, te sigo. Todo eso habla de ti, y el otro tiene el tiempo contado.
El ejercicio que cambia la reunión
Antes de una reunión importante, se sienta y le escribe el plan a la otra persona: todo lo que esa persona gana, cómo le mejora la vida, qué problema le quita. Y llega con eso hecho.
Compáralo con lo que le llega a él
«Me hace mucha ilusión conocerte.» «Admiro muchísimo lo que haces.» «Te sigo desde hace años.» Todo eso habla de ti. Y la persona al otro lado tiene el tiempo contado: no puede cumplir ilusiones, no es su trabajo. No hay nada de malo en sentirlo — simplemente no le da ninguna razón para contestarte.
Y hay un tercer nivel
Piensa a quién más beneficia lo que propones. Si además de vosotros dos gana un tercero, el trato pesa mucho más y se abre solo. Es la diferencia entre un favor y una operación.
Preguntas frecuentes
¿No es un poco manipulador?
Lo sería si el beneficio del otro fuera falso. Aquí es al revés: el ejercicio te obliga a comprobar si de verdad tienes algo que aportar, y si al escribirlo descubres que no, la conclusión correcta es no pedir la reunión todavía. Además el propio interés no se esconde: se pone encima de la mesa junto al del otro. Eso es lo contrario de manipular.
¿Por qué no funciona decir que admiras a alguien?
Porque habla de ti. «Me hace mucha ilusión», «te sigo desde hace años», «admiro lo que haces» son frases sobre tus sentimientos, y la persona a la que se las escribes recibe decenas iguales cada semana. No tiene nada de malo sentirlo; simplemente no le da a la otra parte ninguna razón para responder.
¿Y si de verdad no tengo nada que ofrecer?
Casi siempre tienes más de lo que crees: tiempo, un trabajo hecho gratis, una presentación a alguien de tu agenda, información concreta de tu sector, o simplemente hacer bien algo pequeño que a esa persona le quita un problema. Y si aun así no hay nada, la respuesta es esperar y volverte competente en algo primero. No es un no: es un todavía no.
Esta pepita nace de un tema que comentamos del podcast, traído a nuestro terreno y con los datos verificados. Síguenos en TikTok y YouTube.
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