La oferta que no pueden rechazar
Casi siempre el «no» tiene la misma causa: no es que no valgas, es que el otro no puede saberlo.
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La jugada no es convencer a nadie de que vales: es hacerte barato de probar. Cobrar por resultado, empezar por un encargo pequeño, ofrecer el primero y que luego decidan. Cuando decir que sí no le cuesta nada al otro, el «no» se queda sin motivo.
Una propuesta de dieciocho años
Sin contactos y sin nadie que le presentara, se plantó en una oficina y propuso esto: pagadme una cantidad por cada mil visitas. Si va bien, pagáis mucho. Si va mal, no pagáis nada. Le dijeron que sí.
Fíjate en lo que hizo de verdad, porque no es lo que parece. No pidió que confiaran en él. Quitó el motivo para no confiar.
Por qué te dicen que no
Por eso convencer funciona tan mal. Convencer le pide al otro que asuma un riesgo por tus argumentos. Y los argumentos, por buenos que sean, no le devuelven el dinero si sale mal.
Hacerse barato de probar
La jugada es la contraria: que decir que sí no le cueste nada. Cobrar por resultado. Empezar por un encargo pequeño. «Déjame hacer el primero y luego me dices.» Cualquier fórmula que traslade el riesgo de su lado al tuyo mientras todavía no te conoce.
Vale para un trabajo, para un cliente, para un proyecto interno que quieres que te dejen intentar. Y tiene una ventaja que no se ve al principio: una vez has hecho el primero, ya no eres una promesa. Eres alguien con un antecedente.
El espectador pide que confíen en él. El jugador quita el riesgo de en medio.
Preguntas frecuentes
¿No es venderse barato?
Barato de probar no es barato de contratar. Se abarata la primera vez, que es donde está el miedo del otro, y a partir de ahí el precio lo pone lo que hiciste. Venderse barato es aceptar poco de forma permanente; esto es pagar la entrada una sola vez.
¿Y si me dicen que sí y no lo consigo?
Entonces has perdido el tiempo de un encargo pequeño y has aprendido dónde está tu límite real, que es información cara de conseguir de otra forma. Por eso conviene que la primera prueba sea de tamaño asumible: para que fallar no cueste más de lo que enseña.
¿Funciona dentro de una empresa donde ya trabajo?
Especialmente ahí, porque tu jefe tiene el mismo problema: no puede saber si lo harás bien y responde él si sale mal. Pedir un proyecto pequeño con un resultado comprobable en poco tiempo es exactamente la misma jugada, y le quita el motivo para decir que no.
Esta pepita nace de un tema que comentamos del podcast, traído a nuestro terreno y con los datos verificados. Síguenos en TikTok y YouTube.
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